Lourdes, un sitio en el que nunca había estado en mi vida, ruidoso por el tráfico de la décima, sucio por la gran cantidad de comercio informal y “stands” de mazorca y arepas calentadas en asadores improvisados en bicicletas que parecen de hace 40 años. En frente de la imponente iglesia hay unas escaleras, se nota en ellas el pasar del tiempo y de las personas, escalones sucios y manchados que si pudieran hablar contarían más de un millón de historias.
Son las cuatro y media de la tarde y me siento en esos escalones a esperar a que aparezcan los más famosos visitantes de Lourdes, pasados unos veinte minutos veo a cinco hombres que rompen con la monotonía del lugar, botas estilo militar; rojas, negras, verdes, adornadas con cordones aún más llamativos; blancos, fucsia y rosados. Levanto un poco más la mirada y me encuentro con pantalones tipo escoceses que están tan pegados a las piernas que pareciera que les cortara la circulación.
En ese momento el ruido de la once me desconcentra, es difícil enfocarse en algo cuando los pitos de las busetas y los carros se interponen en mis pensamientos. Por un momento pierdo de vista a estas personas y me enfoco en el tráfico, es imposible no fijarse en ese desorden.
Ellos cinco sientan a mi lado, ahora puedo mirar con más detalle su inusual forma de vestir, chaquetas de cuero y de jean gastadas, donde dejan ver las batallas en las que han estado involucrados, tienen en los hombros taches, con puntas muy afiladas que podrían hacerle daño a cualquier persona. Tienen parches con letras en ingles que saltan a la vista. Su pelo es parado y puntudo, las puntas son de colores, se ve que se demoran una buena cantidad de tiempo logrando parar esas puntas.
Solo hasta este momento me percato que el grupo hay dos mujeres, de lejos es muy difícil reconocerlas ya que su aspecto es muy parecido al de los hombres, al igual que ellos tienen el pelo parado, las botas, la chaqueta y sus rasgos son muy masculinos.
Trato de detallar un poco más y me doy cuenta que dentro de las chaquetas tienen cajas de trago, después de un rato, llegan más personajes como estos cinco, pero traen con ellos una guitarra. Se saludan y sacan la guitarra del forro negro y desgastado, la guitarra esta vieja y sucia, tiene letras escritas, pero no logro leer que dice. Empiezan a cantar y tocar, su música es fuerte y se nota que tienen ira, es su manera de expresar ciertos descontentos. Al principio pensé que sus canciones iban hacer alusión a la sociedad, pero oí con mayor detenimiento y hablan de sus historias de vida, y de momentos que trasformaron en letras de canciones. Mientras unos cantan, los demás siguen tomando, hasta que una de las mujeres saca de su bolsillo marihuana, la prende y empiezan a fumar, se pasan el cigarrillo en círculo varias veces hasta que se les termina, cada vez su música es más fuerte. Unos bailan, otros hablan, existen parejas, para ellos este momento es único, ya que pueden desahogarse y pueden compartir sus emociones y sentimientos con personas que piensan y sientes cosas parecidas.
Ya son las seis de la tarde, se les acabo el trago que tenían, así que dos de ellos empiezan a pedirle plata a las personas que están en la plaza. Recoger cierta cantidad y pasan la calle, entran a la tienda y regresan con trago nuevo. Logro ver que trago es el que toman; uno de ellos carga una caja de chin-chin (es una especie de aguardiente, pero su precio es muy económico) el otro lleva en la mano izquierda una caja de Moscatel (vino). Cuando regresan, a los demás les da emoción y empiezan a gritar, abren con ansiedad las cajas y siguen tomando y cantando.
Ya se está oscureciendo y el ambiente es mucho más pesado, miro a mi alrededor y ya no hay cinco personas, estoy al lado de treinta punkeros. El ambiente se oscurece con la noche, las drogas, la necesidad de seguir tomando alcohol y cantando sus canciones revolucionarias, son lo que priman a esta hora del día en la Plaza de Lourdes.
Cuando hablas de que se nota el pasar el tiempo debes decir en qué lo notas. Puede sonar a cliché pero es la frase típica que dice “lo destartalado de sus puntas hablan de sus años…”. El desorden es algo muy universal, ¿cómo es aquél del que hablas? Te hace falta un poco de descripción. Vas por buen camino porque los hechos los estamos conociendo, pero te falta responder la pregunta más importante ¿CÓMO sucede todo lo que cuentas?
ResponderEliminar